¿Porqué fracasan los grandes? Parte 3, final

¿Por qué debería usted leer este artículo? La semana pasada anotamos las recomendaciones para las etapas 1 y 2 de declive. Esta semana concluiremos con las recomendaciones para las siguientes etapas del modelo.

He recibido en estas semanas desde que se publicara el primero de estos tres temas variados correos donde se mencionaba una genuina preocupación por la salud de las organizaciones. Muchas personas se sintieron reflejadas en alguna de las etapas del modelo que plantea Jim Collins. Como suelo afirmar cuando se me hace la pregunta de qué hacer, análogo a lo que un terapeuta podría contestarle, el reconocimiento del problema es un avance significativo hacia la solución. La implementación de las recomendaciones de cada etapa podrían revertir el proceso degenerativo de su organización. Como todo proceso de cambio exitoso, implica disciplina.

Recomendaciones para la etapa 3: negar el riesgo o peligro. Evalué objetivamente lo bueno y lo malo del negocio. Si la organización está teniendo éxito y recibiendo reconocimientos públicos, reconózcalos y celébrelos. Sin embargo, no deje de validar la percepción con sus clientes internos y externos. Si hay errores en la organización reconózcalos y actúe con la misma disciplina que le llevó a hacer de su negocio uno excelente. Valide empíricamente los nuevos negocios. Valide sus metas, objetivos y metas contra la experiencia acumulada de su organización y, en la medida de lo posible, sustente sus argumentos con hechos concretos y no únicamente con el valor de la intuición. No tome riesgos estratégicos basado en información ambigua. Entre más riesgosa sea la decisión y mayor impacto pueda tener en la organización, dedique más tiempo a validar con información y datos. Recuerde que la organización podría estar en un estado de “no importa lo que hagamos todo nos ha salido bien antes” que les llevaría a subestimar impactos. Dedique tiempo a debatir con el equipo. Esta etapa se caracteriza por líderes dictatoriales que imponen las decisiones, creyendo únicamente en sus instintos. Si usted toma una decisión así y le va bien, tendrá un reconocimiento, pero si erra, todo su equipo estará en su contra. Minará su liderazgo y los resultados del negocio. Cultive las discusiones de equipo, el debate sano y el compromiso unificado de ejecutar decisiones. Acepte la responsabilidad. Cuando se han tomado decisiones basadas en un mandato dictatorial, es común echar la culpa a factores externos y a buscar un “chivo expiatorio”. Cuidado con esta tendencia. Si se comenten errores, el liderazgo que es respetado es aquel que reconoce y rectifica. Confronte las duras realidades. Como un corolario a la recomendación anterior, cuando se evita confrontar las duras realidades, es común recurrir a reorganizaciones, como cortinas de humo que evitan ver lo que está pasando. Permanezca cercano a la organización. En etapas de crisis no aceptadas, es común que los líderes inviertan en nuevas oficinas, se alejen de la operación y se premien con nuevos incentivos. Entre más lejano esté de la operación y del negocio, mayor probabilidad hay de continuar avanzando en el deterioro de la organización.

Recomendaciones para etapa 4: aferrarse a la salvación. Aunque esté tentado a cambiar, permanezca consistente en la esencia del negocio. Cuando el negocio está pasando por problemas, es común recurrir a grandes adquisiciones, cambios radicales de estrategia o a nuevas innovaciones, que desenfocan a la organización de la esencia que les llevó a ser grandes. Regrese a lo básico. Sea consistente. Busque las respuestas primero en lo interno. Es común en esta etapa creer que la salvación vendrá de fuera, sin buscar en la riqueza y sabidurìa de la misma empresa. Busque primero en lo interno. Conserve la calma. Es común, cuando se sabe que algo va mal, caer en la desesperación, el pánico y en reacciones dramáticas, en lugar de cultivar la disciplina y la calma. Busque la tranquilidad y la mesura en el actuar. Acciones más que campañas. Es más fácil lanzar una campaña de “nueva estrategia”, “nuevo liderazgo”, “nueva cultura” a actuar disciplinadamente para revertir la tendencia negativa. Sus acciones gritarán más que sus palabras. En crisis, los resultados son los que cuentan. Cuide los recursos pero no corte lo que le hizo grande. En esta etapa es cuando más se recorta todo lo que hizo grande a la empresa en el inicio. Reestructuraciones cortoplacistas minan el largo plazo de la compañía. Preserve los valores. Es común que los valores sean visto con cinismo en esta etapa y que las personas vean a la empresa como un lugar más para trabajar. En esta etapa, vele por rescatar los valores y principios básicos.

Le confieso que he disfrutado mucho la escritura de estas columnas. Me han retado a reflexionar sobre mi propia vida y las organizaciones que dirijo. Siempre hay oportunidad de parar y volver a empezar. Todo es una decisión. Se preguntará porqué no escribí sobre la etapa 5. Si ha llegado a este punto, es demasiado tarde. No hay evidencia que muestre lo contrario. Sin embargo, la esperanza está en las acciones de las etapas anteriores. ¿Cómo implementará lo que juntos compartimos?

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Calidad o cantidad: ¿Necesitamos más o mejores empresas?

¿Por qué debería usted leer este artículo? Mucho se habla de emprendimiento y de cómo los gobiernos deberían tener apoyo a la creación de empresas, o que las universidades deberían fomentar la creación de las mismas. Sin embargo, ¿más es mejor? Mi argumento es que para promover la prosperidad de un país, la calidad de la empresa es mejor que la cantidad. Sustentaré mi argumento con evidencia mundial.

Revisando artículos publicados alrededor del mundo, encontré afirmaciones como “emprendimiento significa crecimiento” o “las compañias emprendedoras son los motores del crecimiento económico”. Algunos expertos atribuyen que el 70% del crecimiento económico proviene de la actividad emprendedora. En resumen, las frases previas afirman que el crecimiento económico proviene principalmente de la formación de nuevas empresas.

Los datos encontrados por el Global Entrepreneurship Monitor, un estudio que examina la formación de nuevas empresas en más de 40 países, muestra una correlación entre la tasa de nuevas empresas y el crecimiento del PIB per cápita. Podríamos inferir que más empresas nuevas causa el crecimiento acelerado del PIB per cápita en algunos países. Sin embargo, correlación no implica causalidad y esto es justamente el caso. Los estudios a la fecha muestran que cuando hay nuevos negocios el crecimiento económico es mayor. Lo que no nos dicen es la relación que la expansión de los negocios existentes tiene en el desarrollo económico.

Los países más ricos tienen menores tasas de formación de negocios que los países más pobres porque el desarrollo económico empuja los salarios reales hacia arriba y más capital a usarse en procesos productivos. Esto, en consecuencia, aumenta el tamaño promedio de las firmas y reduce la tasa de formación de nuevos negocios. La conclusión refuerza el argumento que no es la formación de nuevos negocios per se la causa del desarrollo, sino la calidad de las empresas y la permanencia de las mismas en el tiempo. Si usted revisa las estadísticas en Guatemala, arriba del 80% de los negocios tienen cierre al cabo de tres años de operaciones. Esta cifra podría ser más alta, pues la confiabilidad de los números es baja.

¿Qué pasaría si se pasaran leyes que promuevan el emprendimiento? Si se pasaran leyes que flexibilicen los préstamos, permitan subsidios, reducciones de impuestos, regulaciones más laxas hacia nuevos negocios y leyes de protección de quiebra se lograría la formación de nuevos negocios. Sin embargo, ¿qué impacto tendría en el tiempo? La evidencia muestra que la intervención en este aspecto por parte del gobierno fomenta la creación de negocios marginales que frecuentemente fracasan, tienen poco impacto económico y generan pocos empleos. La empresa nueva típicamente paga menos, ofrece menos beneficios y es más propensa a desaparecer en el tiempo que trabajos en compañías existentes. El mejor aporte que el gobierno podría hacer, por lo tanto, es la facilitación de las condiciones para que se den mejores empresas: administración de la justicia, fomento de la meritocracia, garantizar seguridad, entre otros.

La evidencia recopilada apunta a que la forma de generar prosperidad en el país es, no sólo velar porque se den nuevos negocios (éstos se darán espontáneamente derivados de la detección de la oportunidad y de condiciones favorables para el emprendimiento) sino velar porque las condiciones se den para que los negocios que empiezan perduren en el tiempo.

Existen, a mi punto de vista, tres clases de negocios. El primero, la consecuencia de la improvisación y de “a ver qué hago para ocupar mi tiempo”, el segundo, un negocio de subsistencia y el tercero, un negocio que agrega sostenidamente valor y permite la creación de plazas de trabajo. Mi convicción es que sólo deben fomentarse el segundo y tercer tipo de negocios. El negocio de subsistencia tiene un rol social importante. ¿Qué trabajo digno podría conseguir un ex convicto o ex pandillero? ¿Qué podría hacer un connacional deportado al regresar al país? El emprendimiento en estas ocasiones es fundamental para que se reincorporen las personas al trabajo productivo. Sin embargo, cualquier negocio de subsistencia debe pasar por el proceso de planificación. La improvisación es uno de los males que aqueja nuestra región. Finalmente el negocio que agrega valor sustancial y genera puestos de trabajo es aquel que genuinamente empuja los indicadores de prosperidad del país.

En resumen, arguyo que son mejores empresas las que hacen mejores países. Nuestro deber como empresarios es preparanos, planificar y hacer de los negocios parte de nuestro propósito. Si vemos nuestra empresa como una misión de vida, tendremos esa esencia que hace que nazcan las grandes empresas.

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Parte 2: Porqué fracasan los grandes

¿Por qué debería usted leer este artículo? La semana pasada anotamos las etapas por las que una empresa pasa cuando inicia su recorrido hacia el fracaso. Primero, pasan por la arrogancia nacida del éxito, confesando “somos tan buenos que podemos hacer todo”. Luego pasan por la etapa de búsqueda indisciplinada de más. Creen que “somos tan buenos que podemos hacer de todo”. Posteriormente, pasan a la negación del riesgo o peligro. Las que siguen ese camino llegan a la etapa de aferrarse a la salvación hasta caer en la última etapa, la reducción a la irrelevancia o muerte. Hoy hablaremos de las recomendaciones para los y las líderes organizacionales.

¿Necesariamente una empresa que cae en este ciclo termina en la quiebra? La evidencia muestra que hay esperanza. Similar a un diagnóstico oportuno de una enfermedad, igualmente ocurre con una organización en declive. El tiempo y el diagnóstico certero permiten revertir la tendencia. Empresas como Nucor, Nordstrom, Disney e IBM declinaron y volvieron. Veamos entonces recomendaciones para cada etapa.

Recomendaciones para etapa 1: arrogancia nacida del éxito. Dele al éxito la debida importancia. Reconozca que el éxito puede venir por un evento fortuito, podría ser efímero y, en la mayoría de los casos, como consecuencia de un trabajo arduo y preparación. No afirme que son exitosos únicamente porque “nuestros líderes son excepcionales”, o “nuestra empresa es excepcional”. Cultive la esencia de su negocio. Su esencia es aquello que le llevó a ser exitoso. ¿Qué es aquello que le apasiona a su negocio hacer? ¿En qué es su negocio particularmente fuerte y único? ¿Cómo logra hacerlo rentable? Busque formas creativas de continuar cultivando la grandeza del negocio. Fomente las discusiones estratégicas. Cuando el negocio deja de pensar en el porqué han sido exitosos, pierden el enfoque y se centran en actividades, en lugar de la estrategia. Cuestione si las condiciones que le llevaron al éxito siguen siendo válidas. Fomente el aprendizaje. En la medida que continúe cultivando a su talento, haciéndose preguntas correctas y aprendiendo de errores y aciertos, su organización crecerá. Cuando se cree saberlo todo es usualmente cuando se cae en la etapa 1.

Recomendaciones para etapa 2: búsqueda indisciplinada de más. No confunda grande con excelente. Los negocios excelentes son consistentes. De allí deriva su grandeza. Es más fácil aparentar que el negocio está sano ampliando instalaciones, abriendo oficinas regionales que continuar consistentemente ofreciendo los atributos que hicieron del negocio exitoso en el inicio. No necesariamente que una empresa aparente estar bien significa que lo está. Haga las preguntas correctas antes de iniciar un negocio adicional. Para cada proyecto que emprenda, cuestione, “¿Nos apasiona entrar a este negocio?, ¿Encaja este negocio con los valores centrales del negocio?, ¿La organización puede ser la mejor en este negocio? y ¿Este negocio ayudará a empujar la maquinaria económica o de recursos de la organización?”. Crezca con las personas correctas. Es usual que el crecimiento acelerado lleve a ser menos exigente con las contrataciones. Recuerde la Ley de Packard: “ninguna compañía puede crecer consistentemente en ingresos más rápido que su habilidad para atraer suficientes personas correctas para implementar el crecimiento y convertirse en una gran compañía.”. Nunca deje de preocuparse por costos. Es común cuando estamos siendo exitosos a gastar de más. Cuando se gasta más en la empresa se deben subir precios. Continúe con la disciplina que le hizo grande. Cuide cada centavo como si la vida misma de la empresa dependiera de ello. Cuidado con la burocracia. Una cultura de disciplina, característica de las grandes empresas, requiere de libertad y responsabilidad. Cuando crece la burocracia, las personas piensan en términos de “trabajos” en lugar de responsabilidades. Cuide la transición de su liderazgo. Para crecer a la excelencia, debe siempre planificar sucesión y el desarrollo de líderes desde lo interno de su organización. Cuide que los intereses organizacionales prevalezcan sobre los privados. Establezca mecanismos de rendición de cuentas periódicos, donde se asegure que los intereses organizacionales prevalezcan. No olvide seguir los procedimientos establecidos al inicio. Es usual, con el éxito, confiar demasiado en las personas, olvidar el cumplimiento de procedimientos y, por ende, permitir que prevalezcan los intereses personales.

En la siguiente semana exploraremos las etapas 3 y 4. ¿Cómo está su organización? ¿Cómo está su vida? La estrategia de empresa es, usualmente, una extensión de cómo estamos manejando nuestras vidas.

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